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El proyecto ComunicArte-incluye de la FAyD prepara el segundo tomo del Glosario de Lengua de Señas Regionales

La iniciativa reúne a docentes, nodocentes y estudiantes de la Facultad de Arte y Diseño de la UNaM, junto con referentes de la comunidad sorda, para registrar y compartir señas propias de Misiones. Declarado de interés provincial, el proyecto avanza hacia un segundo tomo que incorporará señas vinculadas con las comidas, las bebidas, la flora y la fauna de la región. El primer volumen combina diseño gráfico y producción audiovisual y está disponible de forma gratuita desde la Editorial Universitaria de la UNaM.

Un proyecto que nace de una necesidad compartida

 
El proyecto denominado ComunicArte-incluye, surgió en 2022, a partir de una convocatoria del Voluntariado Universitario Islas Malvinas. La propuesta fue presentada de manera colaborativa, resultó seleccionada y dio inicio a un proceso que convocó a docentes, nodocentes y estudiantes de la Facultad, junto con integrantes y referentes de la comunidad sorda.

Para la Mgtr. Mariela Batista, directora del proyecto, uno de los principios centrales de la iniciativa estuvo presente desde el comienzo: “No queremos como Facultad hacer un libro para la comunidad sorda, sino con la comunidad sorda”.

El glosario no buscó establecer desde la universidad cuáles eran las señas que debían utilizarse, sino construir un material a partir de los conocimientos y las experiencias de quienes forman parte de la comunidad sorda. Para hacerlo, fue necesario generar espacios de intercambio, aprender sobre las particularidades de la lengua de señas y reconocer los modos en que sus usuarios acuerdan y validan las formas de expresión.

Las señas también tienen territorio

 
La Lengua de Señas Argentina, como otras lenguas, presenta variaciones regionales. Sin embargo, muchas de esas formas de nombrar lugares y referencias propias de cada comunidad no estaban reunidas en un material de consulta.

La Prof. Paola Amarilla, intérprete y responsable del vínculo permanente con la comunidad sorda durante el proyecto, explicó que la propuesta surgió de la necesidad de recuperar señas que circulaban en distintos puntos de la provincia y que no estaban registradas en una base de datos común.

Para conformar el glosario se convocó a referentes sordos de diferentes localidades y espacios de participación. Se incorporaron voces vinculadas a escuelas especiales, instituciones educativas, carreras de interpretación en lengua de señas, asociaciones y organizaciones como Sordos Unidos de Alem (SUA), entre otros actores.

Debido a la distribución territorial de quienes participaron, buena parte del intercambio se desarrolló a través de WhatsApp. Primero se elaboró un listado de palabras y luego se trabajó sobre las señas correspondientes, con instancias de selección, discusión y validación colectiva.

Este proceso también permitió reconocer que no siempre existe una única forma de expresar un concepto. En algunos casos, las personas participantes no alcanzaron un acuerdo común y se decidió conservar más de una variante. “Mandioca”, por ejemplo, presentaba distintas propuestas, mientras que para “San Pedro” se registraron dos formas.

Lejos de considerarlo un problema que debía resolverse imponiendo una opción, el equipo buscó respetar los criterios de validación de la propia comunidad sorda. Como señala Amarilla, cuando se trabaja con una seña vinculada a una localidad, es importante que quienes pertenecen a esa comunidad puedan reunirse, elegirla y validarla antes de compartirla con otros espacios.

También fue necesario precisar qué significa regional en este glosario. No se trata de trasladar modismos del español hablado a la lengua de señas, sino de registrar referencias territoriales: localidades, departamentos e instituciones propias de Misiones. La distinción es importante porque la lengua de señas tiene su propia gramática y no funciona como una traducción palabra por palabra del español oral.

“La lengua de señas es más que mover las manos”, define Amarilla. En ella intervienen las expresiones faciales, los movimientos corporales, la posición del cuerpo y la intención comunicativa. Todos esos elementos forman parte de la construcción del significado.

El libro híbrido: Innovación técnica y diseño accesible  

 
El trabajo interdisciplinario fue decisivo para convertir esos acuerdos en un material de consulta. D.G Blanca Ojeda estuvo a cargo del diseño gráfico, la maquetación y la organización visual del libro; L.G.U. Enrique Tarón, junto con T.M.A.F.Cristian Klein, trabajaron en la producción audiovisual, las filmaciones y la edición. Paola Amarilla, por su parte, sostuvo el vínculo con los referentes de la comunidad sorda, mientras que Betiana Salomón participó como referente sorda vinculada a la Facultad.

El desafío consistía en desarrollar un recurso que permitiera comprender cómo se realiza cada seña. Una imagen fija podía mostrar la posición de las manos, pero no alcanzaba para dar cuenta de todos los movimientos, las distancias y las expresiones que intervienen en la comunicación.

Desde el diseño, el equipo tuvo que pensar de manera integral cómo articular los distintos componentes del libro. “Desde el diseño lo pensamos como un dispositivo no de estética sino de accesibilidad”, remarcó Blanca. La tarea implicó conocer las particularidades de una lengua que, desde su experiencia como persona oyente, le resultaba lejana, y revisar las decisiones de diseño a partir de las necesidades y las observaciones de quienes utilizan la lengua.

La producción audiovisual completó ese trabajo. Cada seña fue filmada desde dos planos, de frente y de perfil, para mostrar el recorrido de los movimientos y facilitar su comprensión. El material permite observar las señas en acción y volver a reproducirlas tantas veces como sea necesario.

Así, el glosario combina ilustraciones en dos dimensiones, imágenes capturadas durante la filmación, información sobre la configuración manual y códigos QR que conducen a los videos. Los componentes funcionan de manera complementaria, el libro ofrece una referencia visual y el audiovisual permite observar aquello que una imagen estática no puede representar por completo.

El resultado es un recurso híbrido que integra diseño gráfico y producción audiovisual con un objetivo didáctico. Su acceso es gratuito y está disponible para su descarga en la página de la Editorial Universitaria de la UNaM. Está pensado tanto para personas sordas como para personas oyentes que quieran acercarse a la lengua de señas.

Un puente de accesibilidad entre la universidad y la comunidad

 
Para Batista, el glosario representa una forma concreta de vincular el trabajo universitario con la sociedad. “Yo veo este glosario como un puente de inclusión”, afirma. Y agrega que la inclusión se construye mediante acciones que permitan reducir barreras y reconocer los conocimientos que ya existen en las comunidades.

En este caso, la tarea no consistió únicamente en producir un libro. También implicó reconocer la experiencia de las personas sordas, generar condiciones para que sus voces estuvieran presentes en las decisiones y revisar las propias prácticas profesionales a partir de ese intercambio.

Ojeda destaca que uno de los aprendizajes del proceso fue saber correrse del lugar de quien domina una disciplina para escuchar otras perspectivas. Aunque el equipo contaba con conocimientos específicos sobre diseño y producción audiovisual, el material debía responder a las formas de uso y comprensión de la comunidad a la que estaba destinado.

En palabras de la diseñadora, se trató de dejar en segundo plano el lugar profesional para poner primero a la persona. Esa disposición atravesó las distintas etapas del proyecto y permitió que las decisiones se construyeran de manera compartida.

Para Amarilla, que lleva casi tres décadas de trabajo con la comunidad sorda, la realización del glosario significó concretar una iniciativa que durante años había buscado impulsar. También remarcó la importancia de sostener un principio que orientó todo el proceso: “Nada de la comunidad sorda sin su participación”.

El proyecto fue reconocido en el ámbito de la Universidad y de la Facultad. En este 2026, el equipo presentó el glosario en la Feria Provincial del Libro, donde recibió un reconocimiento especial de la comisión.

La continuidad del proyecto, hacia el segundo tomo del glosario

 
El trabajo continúa, entre las proyecciones del equipo está la preparación de un segundo tomo que amplíe el vocabulario regional con palabras vinculadas a las comidas, las bebidas, la flora y la fauna de Misiones. La propuesta busca dar continuidad al registro de conocimientos que circulan en la comunidad y que forman parte de las maneras de reconocer y nombrar el territorio.

La nueva etapa se enmarca dentro de los PROFAE 2025 de la FAyD,  desarrollando el proyecto desde la extensión universitaria. La experiencia dejó en evidencia que construir un material de estas características requiere tiempo, participación y acuerdos; no se trata de una tarea que pueda resolverse de manera individual ni de una vez para siempre.

“Los proyectos no aparecen ni se hacen de un día para el otro”, señala Batista. Para la integrante del equipo, los proyectos necesitan tiempo y se sostienen cuando se habilita la palabra de otras personas desde el respeto, el cuidado y la valoración de sus conocimientos.

El glosario es, en ese sentido, una herramienta de consulta y aprendizaje, pero también una experiencia de trabajo colectivo. Reúne saberes de la comunidad sorda, los articula con recursos de diseño y comunicación audiovisual y los pone a disposición de la sociedad a través de una publicación gratuita.

La continuidad del proyecto abre, además, una pregunta que trasciende este libro,  qué lugar ocupa la lengua de señas en los espacios educativos y qué herramientas necesita la formación docente para incorporar otras formas de comunicación. Una pregunta que surgió de los propios estudiantes y que el equipo reconoce como uno de los desafíos que quedan por delante.